Beata Sor Amparo Carbonell

(1893 – 1936)

Hija de María Auxiliadora

Beatificada el 11-3-2001

Nació en Alboraya (Valencia) 8-10-1893 murió en Barcelona 6-9-1936. Nacida en el seno de una familia de campesinos de modesta posición económica, aunque rica de valores cristianos que supieron inculcar a sus numerosos hijos.

En Valencia, ciudad en cuyo mercado vendía los productos del campo de sus padres, Amparo solía frecuentar la capilla del Colegio de las Hijas de María Auxiliadora, surgiendo en su alma el deseo de consagrarse al Señor en dicha Congregación, deseo que no le fue fácil realizar tanto por la oposición de su familia, como de las religiosas por su carencia de estudios.

Finalmente logró ingresar a los 27 años como postulante en la Casa de Formación de las Salesianas de Barcelona-Sarriá, el 31 de enero de 1921, donde se distinguió por su modestia, sencillez y generosa dedicación a toda clase de trabajos, en especial la cocina y el cuidado del huerto y del jardín.

El comienzo de la guerra civil en julio de 1936 coincidió con la concentración en dicha Casa de un numeroso grupo de religiosas y novicias salesianas, procedentes de todas las fundaciones que la Congregación tenía en España, para asistir a la tanda anual de Ejercicios Espirituales que prescriben sus Constituciones.

Tras el alzamiento militar, la Generalitat  incautó el día 21 la Casa y el Colegio de las Hermanas, por lo que las religiosas y novicias que tenían familiares en Barcelona o en sus cercanías se fueron a sus casas, mientras que las restantes aceptaron la hospitalidad de unos señores alemanes, propietarios de una finca colindante con el Colegio.

Ante esta situación se empezó a gestionar el permiso de salida de las hermanas para Italia, y como responsable se quedó Sor Carmen Moreno, después de un tiempo recibió los pasaportes que permitían la salida de las religiosas,  las cuales embarcaron para Italia, con la excepción Sor Carmen Moreno y de Sor Amparo Carbonell, que se ofrecieron a quedarse, aún  conscientes del peligro de muerte que corrían, para cuidar a otra religiosa, que se encontraba internada en una clínica, recientemente operada de cáncer.

Los temores y zozobras padecidos a lo largo del mes de agosto, tuvieron su final el 1 de septiembre, fecha en la que apresadas por una patrulla de milicianos de la F.A.I. fueron llevadas en un camión a un comité de barriada, donde fueron interrogadas  por un tribunal popular, después de permanecer  encerradas tres días en condiciones infrahumanas. Al no negaron su condición de religiosas, fueron condenadas a muerte.

 Fueron fusiladas la madrugada del día 6 de septiembre de 1936, en el paredón del Hipódromo de Barcelona. La fama de martirio de las dos religiosas comenzó inmediatamente después de su muerte, que sufrieron en aras de su fe y de su gesto heroico de caridad. La Iglesia reconoció la fuerza testimonial de su martirio al proclamarlas beatas el 11 de marzo del 2001.